Consejos e ideas para escritores noveles

¿Eres escritor novel? ¿Estás escribiendo tu primera novela?
Entonces, sigue leyendo, los consejos y e ideas que te doy a continuación pueden serte útiles.

Baños árabes sin salir de Madrid

Este mes no paro, pero bueno, ya tocará deprimirse en Noviembre. De momento éste lo voy a seguir disfrutando, como he hecho este fin de semana.
Uno de los lugares a donde fui, fue a unos baños árabes aquí en Madrid, llamado Medina Mayrit
En el momento en que entras a la recepción un aroma a piscina y vapor te acoge y ya solo tienes ganas de que te den las toallas y te dejen entrar para ponerte cuanto antes en remojo.
Como era la primera vez que iba, no sabes muy bien como funciona, o donde están las cosas. Además los balnearios o spas suelen estar dispuestos para que nos perdamos, o es la sensación que siempre tengo.
El caso es que al entrar te dicen que te tienes que poner los patucos, que son unos plastiquitos para los zapatos. A mi me hizo gracia porque este finde ha llovido más que en todo el año y por las prisas, yo tan chula, me puse unos vaqueros que me arrastran por el suelo y cuando llegué allí el agua me llegaba hasta las rodillas por lo que, ni con una bolsa de basura de las grandes, podría haberme tapado…pero bueno, el caso es que de esta guisa, nos conducen al vestuario. Tú, pardilla, no sabes como funcionan las cosas, te colocas en el último rincón y miras a través de uno de los espejos para ver como actúan las demás. Si tienes que llevarte las chanclas, donde están las taquillas, el baño…en seguida ves mujeres en bolas por todos lados y te entra una especie de pudor, aunque por otro lado envidias la naturalidad con que se desnudan delante de desconocidas. El caso es que me acordé de cuando estuve en el balneario en Budapest, cuando me perdí por las laberínticas instalaciones y me encontré a una mujer totalmente desnuda, caminando por uno de los vestuarios como si nada, que como poco tendría ochenta años…
Volví de mis pensamientos y de las últimas, llegué a la zona piscinil. Al principio siempre entras tan tímidamente, pero luego ya ni vergüenza ni leches. Yo estaba super relajada, aunque cueste creerlo con lo que soy yo, pero parecía la más relajada de todas. No me dormí pero casi.
Pero claro, eso de no pensar en nada, creo que es imposible en mi, y además de pensar en esta entrada, que ya iba maquinando, también recordé el comic que me estoy leyendo por volúmenes, que se llama Djinn, que te traslada al tiempo de los últimos sultanes, y que ese era un buen lugar para imaginarse la historia. (De este comic ya os hablaré más adelante). No es un tema del que me guste mucho leer y menos escribir, pero este comic la verdad me parece muy entretenido.
El caso es que, entre mis pensamientos relajados, también te da tiempo a pensar en el tipo de personas que siempre te encuentras en los spas. Por un lado está el que se cree que la piscina es suya. Que se hace largos, que incluso te da un golpe y no te pide perdón o se coge el libro de visitas, se lo pone entre las piernas y escribe media página (que yo creo que vio el cartel del certamen de relatos que habían organizado y se pensaba que tenía que escribirlo en el libro…) está la mujer zafia que se echa en la piscina con la barriga por delante y que provoca una ola en la que casi te ahogas. En el rincón mas oscuro, siempre hay una pareja que, sospechosamente disfruta y los típicos colegas que están de cachondeo. Están los que solo miran a los demás sin relajarse, el típico musculitos que viene a lucirse y otros que cogen el chorro y no lo sueltan…
Lo que mola de este sitio, a parte del lugar, que está muy bien ambientado, es que hay una zona de descanso para tomar té. A mi no me gusta el té, pero este está realmente bueno.
Disfruté mucho y suelo hacerlo en estos lugares, pero luego pienso que, la piscina de agua fría ni la huelo, pero tampoco la caliente, (me baja tanto la tensión que me empiezo a marear, y siempre vuelvo a la templada) de los baños turcos huyo y la sauna no me va. Así que mucho partido no le saco, ahora eso sí, descubrí que poniéndote bajo el chorro con los ojos cerrados es un placer digno de dioses, y estuve un buen rato.
Y después lo mejor. Media hora de masaje en la espalda. Y eso que entras, y es muy raro que un desconocido te desabroche el bikini y te empiece a manosear por todos lados mientras tú metes la cabeza por el agujero de la camilla, pero oye, eso lo piensas el primero minuto, el segundo te abandonas y piensas: “hazme lo que te dé la gana…” eso sí, también hay un minuto para pensar en el pobre masajista que lleva horas ahí masajeando carne, en que a veces los cuerpos serán un poco desagradables y que les tiene que doler todo…pero bueno, tampoco estoy allí todos los días, que ya me gustaría…
Teníais que haberme visto al salir del lugar. Con el pelo mojado (porque salí la última del vestuario y me dio cosa seguir secándome el pelo por más tiempo), y revuelto; pálida, con unas ojeras que no tenía al entrar (y que no suelo tener nunca), pero con una sonrisa bobalicona que me daba la vuelta a toda la cabeza…como estaría de atontada y hambrienta que, para buscar un sitio para cenar-ya que a esas horas ya era un poco difícil-nos metimos a un mesón y cuando estaba sentada, fue como uno de esos sueños o también esas escenas de las series, que empiezas a ser consciente de tu alrededor. Lo primero que vi fue a Bambi colgado de la pared, con un perchero sin gusto alguno de sus patas. Toda la pared saturada de fotografías de toreros, pero no era eso lo peor…unos ojos me miraban por el otro lado, y cuando me giré menuda impresión… ¡un toro disecado!, me miró como diciendo: “qué haces tú aquí”, y yo le contesté: “ya somos dos que estamos fuera de lugar”. Al otro lado había un cartel de: “prohibido perros”, y fue la única vez que ese cartel me alegró, porque seguro que se cuela uno y le disecan y lo cuelgan en la otra pared…
En fin, por pura supervivencia comí en cero coma y me bebí una coca cola que en esos momentos se convierte en droga, y salí del sitio tapada para que no me reconocieran…
Cuando llegas a casa se te queda un olorcillo de aceite y agua con sales, pero viene muy bien para dormir. Que decir tiene que os lo recomiendo.

¿Habéis escrito algún relato o historia de esta temática?, ¿tenéis alguna historia graciosa de cuando habéis estado en algún balneario? ¿Conocéis el comic de Djinn?
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