A veces, escribo de más...

..........................................................................................................Y ésta, es una de esas veces.

Mi estantería nueva de la que os voy a contar muchas cositas...

No es solo una estantería, 
es un muro que me defiende de la estupidez ajena.

Imaginando historias


Cuando camino por la calle y voy sola, me gusta fijarme en la gente. No en cualquiera, sino solo en aquellos que me parecen especiales. Que no son como la mayoría y que lo demuestran por algún pequeño gesto. 

Volviendo a casa me he fijado en una niña. Estaba jugando sola, imaginando que llamaba a una puerta, dando con los nudillos en el aire y diciendo: “por favor Cloe, ábreme la puerta, ¡deprisa!, Cloe, por favor, hay un zombie aquí fuera” a mi me ha hecho gracia porque he recordado como yo cuando era pequeña también imaginaba un montón de historias, y era varios personajes a la vez y que disfrutaba y jugaba sin tener nada alrededor. Mis historias jamás habrían tenido vampiros y zombies, eso seguro, y yo era algo más tímida para poner las voces de los personas fuera de mi cabeza o sin que fueran meros susurros si estaba en la calle, pero he pensado: “seguro que esta niña acabará escribiendo historias” me he sonreído al recordar las historias que me inventaba yo misma, que aún recuerdo y que algunos ya fueron plasmadas en cuadernillos a los ocho años y otras en dibujos.

Creo que es muy beneficioso para los niños que desarrollen su imaginación y que de vez en cuando estén solos y aprendan a evadirse en sus propias ensoñaciones y no solo porque de mayor a veces cuando estás en un lugar muy aburrido te viene de perlas utilizar tu mente para viajar lejos de aquel lugar, sino porque estoy convencida de que estas personas viven y dejan vivir a las demás y serán autosuficientes y lo más importante, encontrarán una forma de expresión que les servirá de vía de escape a lo largo de la vida.

Los sueños, novelas a veces son

Resulta que llevaba mucho tiempo sin escribir novelas. El año pasado también fue un año parecido. he estado escribiendo otras cosas, pero las novelas sin terminar ahí han seguido estando, en el mismo pobre estado de espera. Se da la casualidad de que también llevaba unos meses sin leer ningún libro. Supongo que hay etapas de la vida que son así, que no te apetece o no tienes suficiente tiempo u otras cosas en qué pensar.
Unos días en la playa con un libro en las manos y bualá. Vuelvo a tener uno de mis sueños en los que la historia me parece novelable y a la mañana siguiente tengo que plasmarla en papel. (Y quien dice papel, dice en el word).
La lectura, para los curiosos, es Vampire Academy, uno de esos libros juveniles de vampiros que saqué de mi curro. supongo que no es una de esas supernovelas que hay que leerse, pero sinceramente no me importa, algo de esa novela me ha hecho tener ese sueño, y ese sueño ha comenzado a ser una novela, y eso es lo que vale.
Cuando tengo conversaciones sobre la importancia de los sueños, a menudo escucho opiniones de que no lo son y yo, no puedo darles la razón. No, lo siento mucho. A parte de creer que nos muestran una parte de nosotros mismos que quizás desconocíamos, a mi me ha dado el pistoletazo de salida de varias novelas. No de una, ni de dos ni de tres, de varias.
Ya no me acordaba de esa emoción de tener una nueva idea y de empezar a plasmarla sin tener ni idea de en qué desembocará. Dejando huecos para los nombres propios, que aún no has pensado. Normalmente además, el sueño solo es una infinita parte de la novela y muchos datos del sueño tienen que ser reemplazados porque no tendrían sentido en la historia pero ahí está la esencia. Además a mi me gusta escribirlo todo de corrido según he tenido el sueño para no perder esa espontaneadad. Algunos pensarán que es una locura y seguramente los escritores profesionales no lo hagan y estudien cada idea en guiones infinitos antes de plasmarlo en su futuro libro, pero la gracia de no publicar libros también es esa, que puedes escribir cualquier cosa sin miedo a ser juzgada. 
Y esa libertad me encanta.

En azul. Marta Tchai.



La presentación del nuevo disco de Marta Tchai fue precioso. No fue la primera vez que lo escuché. Se hizo una presentación más privada tiempo atrás, donde yo me hice con el disco nuevo, por lo que llegué a éste con las canciones ya saboreadas, estudiadas y aprendidas.
A mi me hizo revivir la experiencia de hace un año, cuando por casualidad, los conocí. Entonces no sabía que acabaría yendo a tantos conciertos suyos, que acabaría conociendo a los integrantes y que me tratarían con tanto cariño.

Para mí el disco está bañado de mar y de brisa. De verano y de amores que no se olvidan. De instantes que duran toda la noche y de soledades en mitad de multitudes. De finales pero también de nuevos principios. Marta siempre tiñe sus canciones de esperanza. Como esas historias cotidianas y tristes que siempre tienen un "pero bonito" y gratificante que te acuna y te seca las lágrimas.

Escuchar a Marta y a su banda en directo siempre es una delicia y siempre me sabe a poco. Además de respirarse talento y calidad en todas sus actuaciones, el aroma también es de calidad humana, de querer trasmitir lo más bonito que crean para que lo degustemos a sorbos pequeñitos. Como una dulce melodía que te abraza cuando estás triste o te envalentona cuando quieres comerte el mundo guiñándole un ojo con picardía al chico que te gusta.

Le auguro muchos éxitos con este nuevo disco. En azul. Como el cielo que nos envuelve a todos, el profundo mar que nos acoge en nuestra tristeza o la profundidad en la que te reflejas en esos ojos que te miran.