El otro día iba en el metro, de camino al curro, cuando escuché una conversación entre una madre y su hijo de unos diez años al que le ayudaba a hacer los deberes. No es que me pusiera a escuchar por que sí, yo iba con mi libro dispuesta a leer, pero hay conversaciones que entre el tono (que lo escuchas aunque no quieras) y que es curiosa, pues ya te quedas a escucharla entera.
La situación era que para terminar los deberes, tenía que escribir una noticia inventada en dos renglones. Cualquiera de nosotros, como nos gusta escribir, seguramente tendríamos mil ideas, pero al niño no le salía nada. Comenzó aquí la conversación. Decía la madre todo el rato:
-Fran, no me puedo creer que no te salga nada. ¡Pero si es poner cualquier cosa!, hay mil cosas que poner, pon lo que tu quieras, Fran.
El niño mientras tanto diciendo:
-Es que no se me ocurre nada ahora.
-Fran, algo que te gustaría que pasara. ¿Qué te gustaría que pasara?
(Y yo mientras pensando: igual cambiar de madre).
-No sé…
-Fran, es que no puedo creerlo. ¡Hay mil cosas que poner!, pon una, lo que quieres que pasara.
El niño cada vez mas presionado dice:
-tengo una idea. “El viaje espacial ha sido un éxito”
(Vaya, a mi me parece un buen comienzo, pero ¿y a la madre?)
-Fran, eso no tiene sentido, tienes que poner algo mas. Tiene que haber algo que te gustaría que pasara.
(Yo creo que el niño quiere ser astronauta y así perder de vista a la madre).
-Pero Fran, ¿Qué te gustaría que pasara?, es que esto no me lo esperaba, ¡no tienes imaginación, Fran!, es que hay millones de cosas que poner, deja volar tu imaginación, ¡sueña despierto!
(¿Alguien sería capaz de soñar despierto con alguien presionándolo de tal manera?
Y ya le contesta el niño:
-Es que hay muchas cosas que me gustaría que me pasaran.
-Pues dime una sola. Con una sola vale.
Se queda pensando…
-Bueno, a lo mejor no tantas.
-Fran, de verdad, vamos a llegar y no has escrito nada. Mira, te voy a ayudar, tienes que poner algo que te gustaría que pasara.
(Uff, se habrá herniado con la ayuda).
-¡Se me ha ocurrido algo!, Fran se fue de excursión al espacio y fue un éxito.
-Tienes que poner algo más porque tienes dos renglones, además, ¿qué es eso de excursión?
(¡Es que la madre no le puede ayudar con las palabras!)
La madre se lo borra y le dice:
-Invéntate otra cosa que eso no vale.
El niño que está obcecado en que eso vale, escribe su idea en el cuaderno de nuevo. La madre, para ridiculizarle lo le en alto y dice:
-“Fran se fue a un espacio raro pero muy raro”
Con su acento andaluz y su frase de Mauricio Colmenero (¿pero esto qué es?), se lo vuelve a borrar y le dice que no tiene sentido y que no lo escriba hasta que se lo diga a ella.
(¿Eso no se llama censura?)
A todo esto un espontáneo súper gracioso de seis o siete años sudamericano que se sienta en frente y todo serio le dice:
-¿Deberes?, a mi es que no me han mandado.
(Me faltó poco para reírme).
Al final la madre le dice que recoja que han llegado y no ha escrito nada y el niño diciendo que ya se le ha ocurrido algo, pero entonces la madre le dice que ya es tarde y que se bajan de parada.
La conclusión de la madre, seguramente es que su hijo nunca llegará a escritor, pero yo creo que hay que hacer otra lectura de la escena porque a lo mejor precisamente le da por escribir para olvidarse de su entorno familiar donde su madre le va a estar controlando toda su vida.
Creo que su historia estaba bien, vale, de momento no era muy original, pero si la madre le hubiera ayudado en vez de presionarle, creo que habría escrito algo más decente, y la próxima vez que tuviera que escribir algo sacado de su imaginación no iría con miedo a que ella lo aprobara. Tal vez, la madre sin darse cuenta se ha cargado la imaginación de su hijo o para sublevarse contra ella ha a despertado a un gran escritor de renombre. Quien sabe…
La situación era que para terminar los deberes, tenía que escribir una noticia inventada en dos renglones. Cualquiera de nosotros, como nos gusta escribir, seguramente tendríamos mil ideas, pero al niño no le salía nada. Comenzó aquí la conversación. Decía la madre todo el rato:
-Fran, no me puedo creer que no te salga nada. ¡Pero si es poner cualquier cosa!, hay mil cosas que poner, pon lo que tu quieras, Fran.
El niño mientras tanto diciendo:
-Es que no se me ocurre nada ahora.
-Fran, algo que te gustaría que pasara. ¿Qué te gustaría que pasara?
(Y yo mientras pensando: igual cambiar de madre).
-No sé…
-Fran, es que no puedo creerlo. ¡Hay mil cosas que poner!, pon una, lo que quieres que pasara.
El niño cada vez mas presionado dice:
-tengo una idea. “El viaje espacial ha sido un éxito”(Vaya, a mi me parece un buen comienzo, pero ¿y a la madre?)
-Fran, eso no tiene sentido, tienes que poner algo mas. Tiene que haber algo que te gustaría que pasara.
(Yo creo que el niño quiere ser astronauta y así perder de vista a la madre).
-Pero Fran, ¿Qué te gustaría que pasara?, es que esto no me lo esperaba, ¡no tienes imaginación, Fran!, es que hay millones de cosas que poner, deja volar tu imaginación, ¡sueña despierto!
(¿Alguien sería capaz de soñar despierto con alguien presionándolo de tal manera?
Y ya le contesta el niño:
-Es que hay muchas cosas que me gustaría que me pasaran.
-Pues dime una sola. Con una sola vale.
Se queda pensando…
-Bueno, a lo mejor no tantas.
-Fran, de verdad, vamos a llegar y no has escrito nada. Mira, te voy a ayudar, tienes que poner algo que te gustaría que pasara.
(Uff, se habrá herniado con la ayuda).
-¡Se me ha ocurrido algo!, Fran se fue de excursión al espacio y fue un éxito.
-Tienes que poner algo más porque tienes dos renglones, además, ¿qué es eso de excursión?
(¡Es que la madre no le puede ayudar con las palabras!)
La madre se lo borra y le dice:
-Invéntate otra cosa que eso no vale.
El niño que está obcecado en que eso vale, escribe su idea en el cuaderno de nuevo. La madre, para ridiculizarle lo le en alto y dice:
-“Fran se fue a un espacio raro pero muy raro”
Con su acento andaluz y su frase de Mauricio Colmenero (¿pero esto qué es?), se lo vuelve a borrar y le dice que no tiene sentido y que no lo escriba hasta que se lo diga a ella.
(¿Eso no se llama censura?)
A todo esto un espontáneo súper gracioso de seis o siete años sudamericano que se sienta en frente y todo serio le dice:
-¿Deberes?, a mi es que no me han mandado.
(Me faltó poco para reírme).
Al final la madre le dice que recoja que han llegado y no ha escrito nada y el niño diciendo que ya se le ha ocurrido algo, pero entonces la madre le dice que ya es tarde y que se bajan de parada.
La conclusión de la madre, seguramente es que su hijo nunca llegará a escritor, pero yo creo que hay que hacer otra lectura de la escena porque a lo mejor precisamente le da por escribir para olvidarse de su entorno familiar donde su madre le va a estar controlando toda su vida.
Creo que su historia estaba bien, vale, de momento no era muy original, pero si la madre le hubiera ayudado en vez de presionarle, creo que habría escrito algo más decente, y la próxima vez que tuviera que escribir algo sacado de su imaginación no iría con miedo a que ella lo aprobara. Tal vez, la madre sin darse cuenta se ha cargado la imaginación de su hijo o para sublevarse contra ella ha a despertado a un gran escritor de renombre. Quien sabe…
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